sábado, 30 de octubre de 2010
Un mundo en crisis.
Anduve por las calles buscando amigos, algunas personas me acogieron con simpatía, otros se veían sufrientes, estaban también los "hombres serios", muy ocupados, y no tenían tiempo de escucharme. Sin embargo, algunos me escucharon... y mientras hablaba, el número de los que sufrían la soledad y la falta de amor, aumentó de repente. Sus voces angustiadas hicieron sufrir a mi corazón. No sabía que había tanto llanto, ni que los dolores fuesen tan profundos! ¡Todo aparentaba estar tan bien... y todo andaba tan mal!. Mi alma se estremeció ante esta vida monótona, aburrida, sin esperanzas, un mundo de personas que tienen muchos amores, pero poco amor, muchas amistades, pero pocos amigos. La superficialidad ha invadido la vida de los hombres y se tiene poca riqueza interior. La mayoría de éstas personas sólo se preocupan por sí mismas y no quieren saber nada de abrir el corazón a alguien que les manifiesta el amor, "ya me engañaron muchas veces, es la queja común, cuando creí en alguien, fuí traicionado, no confío más en nadie mi vida intima... llega el día en que todos nos abandonan". Estoy de acuerdo en que no es fácil descubrir a un verdadero amigo, pero llegar al extremo de encerrarse completamente en si mismo, tampoco parece lo más acertado. El individualismo genera la soledad, y ésta es, muchas veces, madre del desánimo y de la incredulidad. Me convierto en un espíritu cerrado, lleno de reservas y desconfianzas, rechazo de antemano el amor que alguien me puede brindar desinteresadamente. Sin embargo no todos son aprovechadores, no todos tienen "segundas intenciones", existe gente dispuesta a compartir su vida con los demás, gente que coloca a la persona por sobre los negocios y los números. Cerrarse en sí mismo no conduce a nada, solo nos lleva a seguir profundisando la crisis del mundo actual.
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