miércoles, 27 de octubre de 2010

La huella.

La huella se abría a nuestro paso y mi felicidad resplandecía como el sol de mi amanecer en cielo limpio, de mi boca surgió un cántico a la vida y con mi alma alegre me extasié con el paisaje, sintiendo cada aleteo de las aves que se alborotaban al costado del sinuoso camino y mi cuerpo vibraba con cada sonido que emergía del sendero solitario, audaz me atreví a sacar mi cabeza por la ventanilla y en una actitud osada grité al silencio, grité al viento, grité mi grito de amor, que se fue agitando en la inmensidad lejana soñando en cada ganas de volverte a ver y en cada beso contenido que aun no te he dado, y me asombré de mi espirítu que al fin se sentía libre para ser feliz, para escuchar, para comprender, para amar sin refugios inventados y con las alas desplegadas al viento fui tomando todo lo que encontraba a mi paso, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, dulzura, sensillez y la huella se abría a mi paso y mi existencia risueña se jactaba de haber buscado mi propia huella que me llevara a hacer algo realmente importante que cambiaría una vida: la mía, la tuya, la nuestra!!!...

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