viernes, 28 de enero de 2011

Torbellino de dolor.

Dicen que después de las nubes sale el sol, luego de una gran tormenta viene la calma, pero el sosiego no llega a mi alma, todo se cierra a mi alrededor, nada perdura a mi lado, mis alegrias son efímeras y mis lágrimas no son tenidas en cuenta, mi voz se apaga en un susurro, mi oido se estremece de maltratos recibidos, ostigada y fatigada voy caminando sola, con una pena a la vista y escondida en mi alma, ya nada es como era, ya nada va a cambiar, solo mis sueños perduran ante tan fría realidad, mis manos no acarician y son esquivas al roce de otras manos que al cabo de un tiempo dejan de aferrar las mías, lastimadas, dolidas, cansadas ya de esperar, esperar más tristezas, más desengaños, más traiciones. Ya todo es dolor, ya nada es como era, la imágen del dolor ya se aleja y al instante regresa a mi, para que estar sufriendo si nada tengo ya de ti, una tristeza vaga por mi cuerpo como una maleta pesada, y una pena en el alma que me duele más y más. Yo te cuento mi dolor, por si acaso tu lo escuchas, mis lágrimas escapan de mis ojos heridos y mi garganta seca no intenta emitir palabra, solo gime en descontento por tanto dolor del alma. Mis palabras no son escuchadas, ya nadie me presta el oido, para que pensarán aquellos, si no tiene valor lo que dice, mis palabras alteran, cansan, impacientan, como si fuesen dardos que lastiman por nada. A lo lejos alguién recita una poesía que crece en mis oídos, como crecen las emociones que se desprenden de mis memorias pasadas, dolor de heridas profundas que jamás cicatrizan, y alguién a lo lejos recita una poesía de amor para su amada.

viernes, 21 de enero de 2011

Sombra

Cuando solo me alzaba unos centimetros del suelo, cuando yo era una niña pequeña, papá solía sacarme a pasear a píe por las calles del pueblo, o por el campo, en las calidas tardes de febrero. Andábamos entre arboledas, sin darnos prisa, disfrutando de ese momento tan especial. Él mencionaba los nombres de los árboles, me enseñaba algún nido tan bien escondido que el ojo descuidado jamás lo descubriría. Si el día era inusitadamente cálido, me decía: "Ponte a mi sombra, yo te resguardaré". Recuerdo todavía la dicha de ser niña y de explorar los campos, de despertar el entendimiento al orden natural de la vida, de admirar el milagro del cambio de estaciones, de sentirme maravillada ante los misterios que ni papá podía explicarme. Andaba con él protegida bajo su sombra, donde me acurrucaba sin temores. Un día descubrimos que yo había crecido demasiado para caber dentro de su sombra. No hablamos de ello. Comprendimos que era tiempo de pasear uno al lado del otro, cada cual con su propia sombra. Posteriormente entendí que la sombra de papá era como él, lo suficientemente grande, fuerte, y sabia para prtegerme hasta que yo llegase a adquirir estatura, fuerza y sabiduría bastantes para andar por mi cuenta con mi propia sombra. Hoy se que nunca seré lo suficientemente grande, fuerte, sabia, como para dejar que la sombra de papá siga protegiéndome y su estructura moral guiándome por un camino sin errores, y que nadie tendrá una sombra lo suficientemente grande, fuerte, sabia como para protegerme como su sombra.