jueves, 16 de diciembre de 2010
Angel de luz.
Una vez un querido amigo, me dijo que yo era como un angel, a lo cual yo le pregunté, en que se basaba para decir eso, y él mirándome como muy en mi interior entre extasiado y confuso, me dijo, que veía en mi una luz muy clara que brillaba siempre, aún en aquellos momentos de enojos, nada hace cambiar esa luz.
Yo dije, mira que el diablo también se viste de angel de luz, a lo que respondió, que en ese caso, hay un instante, casi imperceptible, en que esa luz entra en tinieblas, cosa que después de observar por muchos años, no veía que eso pasara con mi luz.
Terminamos riendo, y dejando el tema, un tanto nerviosos, yo porque me sentía rara ante ese concepto que se había hecho de mi, y él supongo que se dió cuenta de esto.
Ahora que ha pasado el tiempo y recuerdo este episodio, pienso en este amigo, que no me estaba diciendo nada con la intención de alagarme, como yo creí, ahora recién me doy cuenta a lo que se refería, ahora puedo entender lo que aquel día me quiso decir mi amigo y que yo no comprendí, se refería al brillo del alma, que emana esa luz que solo unos pocos pueden ver, solo los que también son angeles de luz.
La puerta estrecha.
El misterio de la vida , no es tal sino que nosotros somos quienes por causas desconocidas, tomamos caminos erróneos, seguramente la puerta de la felicidad la tenemos frente a nosotros, pero somos como ciegos colectivos, y no vemos aquello que es nuestro buen sendero, en cambio si tomamos ese ancho y despejado camino, que en sus orillas nos va mostrando paisajes agradables a la vista y la tentación es muy fuerte, porque tratar de ver la puerta estrecha, que no sabemos que nos estará esperando del otro lado, que va, mejor vamos por esta otra que nos muestra un sendero lleno de cosas extraordinarias, donde tenemos todo al alcance de la mano, y por supuesto caminamos por él, sin darnos cuenta que la verdadera felicidad, el verdadero amor no se muestra en ningún caso como algo fácil, por el contrario, sabemos que la lucha es constante y solo aquellos sabios y de corazón confiado y bondadoso, saben ver la diferencia de la puerta estrecha.
La playa.
Caminé descalza por la playa desierta, ya caía la tarde, la arena me provocaba un dulce placer bajo mis pies desnudos.
Las aves mostraban su desconfianza y mis manos las invitaba a acercarse, pero ellas seguían cruzando el cielo, sabiendo que alguíen estaba mirándolos desde abajo.
De pronto te ví allí, sentado sobre un pequeño peñasco, mirando a la lejanía, de un mar que un tanto inquieto, hacía volar tu imaginación, quién sabe a que mundos de fantasías, aún no vividos.
Me acerque sigilósamente, hubiese permanecido allí, callada, solo por no interrumpir tus pensamientos.
En ese momento volteaste y me viste, te paraste y con tu andar seductor caminaste hacia mi, y ya frente a frente solo susurraste, "somos dos almas perdidas en la inmensidad de un universo, que hoy se han encontrado".
En ese momento, vimos que el cielo se había cubierto de oscuras nubes, y ya las primeras gotas caían, te sacaste el saco y me cubriste, llovía más fuerte y corrimos a refugiarnos a una especie de cueva, que emergía de unos acantilados, allí mojados y temblorosos nos buscamos con la mirada, nos extasiamos sin rozarnos, solo nos miramos, como atraídos por imanes invisibles, culminamos en un interminable abrazo, que nos fusionó, con nuestros sentidos activados en un solo fervor, y fuimos mar y arena, olas y espuma, sal y estela, y las estrellas brillaron para nosotros, y nuestros cuerpos en concavo y convexo, fueron extásis, conjugando sentimiento y voluntad.
La noche cautivante se fue marchando y el nuevo día nos sorprendió en una delicada expresión, que reflejaba la concepción de las cosas divinas, que solo un gran deseo compartido convierte en realidad.
Y la playa solitaria estaba allí ante nuestra vista...
Las aves mostraban su desconfianza y mis manos las invitaba a acercarse, pero ellas seguían cruzando el cielo, sabiendo que alguíen estaba mirándolos desde abajo.
De pronto te ví allí, sentado sobre un pequeño peñasco, mirando a la lejanía, de un mar que un tanto inquieto, hacía volar tu imaginación, quién sabe a que mundos de fantasías, aún no vividos.
Me acerque sigilósamente, hubiese permanecido allí, callada, solo por no interrumpir tus pensamientos.
En ese momento volteaste y me viste, te paraste y con tu andar seductor caminaste hacia mi, y ya frente a frente solo susurraste, "somos dos almas perdidas en la inmensidad de un universo, que hoy se han encontrado".
En ese momento, vimos que el cielo se había cubierto de oscuras nubes, y ya las primeras gotas caían, te sacaste el saco y me cubriste, llovía más fuerte y corrimos a refugiarnos a una especie de cueva, que emergía de unos acantilados, allí mojados y temblorosos nos buscamos con la mirada, nos extasiamos sin rozarnos, solo nos miramos, como atraídos por imanes invisibles, culminamos en un interminable abrazo, que nos fusionó, con nuestros sentidos activados en un solo fervor, y fuimos mar y arena, olas y espuma, sal y estela, y las estrellas brillaron para nosotros, y nuestros cuerpos en concavo y convexo, fueron extásis, conjugando sentimiento y voluntad.
La noche cautivante se fue marchando y el nuevo día nos sorprendió en una delicada expresión, que reflejaba la concepción de las cosas divinas, que solo un gran deseo compartido convierte en realidad.
Y la playa solitaria estaba allí ante nuestra vista...
martes, 7 de diciembre de 2010
Cristal roto.
Yel cristal se rompió, frágil y trémulo, cayó haciéndose añicos y la imágen que solía pasearse para lucir su mejor sonrisa ahora vaga por la casa, donde ha quedado solo la ilusión dando vueltas: el olvido, que ronda por las noches, despierta por las mañanas, duerme al atardecer, pero nada lo hace permanecer y aquella imágen que solo deseaba ser vista, hoy camina rondando los lugares donde pudo sentir amor y ahora solo deambula entre un mar y una playa, que en soledad trata de oir su voz, pero solo alguna gaviota errante pasa de vez en cuando y vuelve con su imágen cansada que ya no pasea por el cristal que se sentía atraído por su frescura y espontaneidad.
Hoy su amado se pierde en la lejanía del horizonte aquel que ya no desea traspasar y vuelve a su deseo que está en el corazón y le pide, le implora que alcance el olvido y, aquél cristal que fue su más íntimo amigo por donde paseaba su imágen haciendo mil y una manera para que quien amaba la viera como su fiel cristal, que hoy yace roto, sin poder responder a la imágen que sigue deambulando por la casa con sus pies desnudos y heridos.
Y el cristal se rompió..., igual que mi vida.
Hoy su amado se pierde en la lejanía del horizonte aquel que ya no desea traspasar y vuelve a su deseo que está en el corazón y le pide, le implora que alcance el olvido y, aquél cristal que fue su más íntimo amigo por donde paseaba su imágen haciendo mil y una manera para que quien amaba la viera como su fiel cristal, que hoy yace roto, sin poder responder a la imágen que sigue deambulando por la casa con sus pies desnudos y heridos.
Y el cristal se rompió..., igual que mi vida.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Vuelo de pájaros.
En un atardecer desplegaron sus alas y hecharon a volar por el infinito cielo azúl, en el que se empezaban a vislumbrar las primeras estrellas, de a ratos danzaban con movimientos sensuales y sentían que su corazón latía con fuerza, era la señal del amor que los hacía sentir libres y felices, encontrándose ellos, habían encontrado el amor.
Así fueron recorriendo por mucho tiempo el firmamento, algunas veces tuvieron que enfrentarse a fuertes tormentas y pudieron sobrevivir a ellas con gran esfuerzo y su amor crecía. Volvían a retomar su vuelo seducidos por la vida que se abría a su paso. Siempre volaban a la par, pero de pronto uno de ellos comenzó a volar más rápido y se alejaba de a poco del otro. Cierto día el que había quedado atrás recibió un impacto de proyectil en una de sus alas, hizo un gran esfuerzo por mantenerse en el aire, mientras llamaba a su amor, pero aunque gritaba con todas sus fuerzas aquel no lo escuchaba, se alejaba cada vez más anubilado por lo que encontraba a su paso y no entendió que el que había sido su vida lo necesitaba y le pedía ayuda, y que no lo dejara solo.
Tanto luchó por sobrevivir que sus fuerzas se agotaron y cayó irremediablemente al suelo, desde allí abajo miraba como su amado se alejaba feliz, sintió pena por él, y dando un último suspiro quedó con sus alas vencidas mirando ese cielo que había sido su mayor sueño, y que ya nunca alcanzaría, inerte, sin vida, sin su amor, allí quedó tendido, mientras su amado volaba hacia el olvido.
Así fueron recorriendo por mucho tiempo el firmamento, algunas veces tuvieron que enfrentarse a fuertes tormentas y pudieron sobrevivir a ellas con gran esfuerzo y su amor crecía. Volvían a retomar su vuelo seducidos por la vida que se abría a su paso. Siempre volaban a la par, pero de pronto uno de ellos comenzó a volar más rápido y se alejaba de a poco del otro. Cierto día el que había quedado atrás recibió un impacto de proyectil en una de sus alas, hizo un gran esfuerzo por mantenerse en el aire, mientras llamaba a su amor, pero aunque gritaba con todas sus fuerzas aquel no lo escuchaba, se alejaba cada vez más anubilado por lo que encontraba a su paso y no entendió que el que había sido su vida lo necesitaba y le pedía ayuda, y que no lo dejara solo.
Tanto luchó por sobrevivir que sus fuerzas se agotaron y cayó irremediablemente al suelo, desde allí abajo miraba como su amado se alejaba feliz, sintió pena por él, y dando un último suspiro quedó con sus alas vencidas mirando ese cielo que había sido su mayor sueño, y que ya nunca alcanzaría, inerte, sin vida, sin su amor, allí quedó tendido, mientras su amado volaba hacia el olvido.
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