martes, 2 de noviembre de 2010

El juez que no creyó.

Cierto día se había cometido un delito en una ciudad en alguna parte del mundo. Dos jóvenes fueron detenidos por ser los únicos sospechosos. Uno aparentaba una inocencia, que el juez tomó muy en cuenta, el jóven muy sumiso, contestó el interrogatorio con simpleza y humildad, y con lágrimas en los ojos, demostró ser honesto en apariencia, el juez le creyó. El otro jóven de aspecto soberbio, y con antecedentes, por haber cometido otro ilícito, que se remitía a la mera falta de trepar hasta un balcón, para ver a una jóven por la cual había cometido un grave pecado: enamorarse. El juez lo miró, pasó su mano por la barbilla y le dijo, como piensas defenderte, sabes que no te creeré, ya que quien comete un delito una vez es posible que lo haga dos. El jóven que por su ego y su seguridad, no se permitia rogar ni ser humilde, quiso defenderse, utilizando las palabras que fueron ofensivas para el juez, que quería verlo humillado y débil, las cosas empeoraron porque su osadía al no bajar la mirada de los ojos de aquél que lo acusaba sin sentido sumado a su valentía para decir lo que creía era su verdad, hicieron que el juez no solo no le creyera, sino, que lo declaró culpable y fue encarcelado en una carcel lejana donde pasó casi toda su vida, ya que el caso fue cerrado y olvidado. El otro jóven aprovechando la confianza que el juez le tenía, le pidió que lo ocupara en su casa para poder trabajar y ya no pasar necesidades, el juez atraído por su aspecto benébolo le dió trabajo en su casa, y confió plenamente en él. El tiempo pasó y éste jóven que solo era bueno en apariencia, pero que por dentro estaba lleno de maldad y resentimiento, con su engañosa careta ganó la confianza del juez y dejó que acusaran a un inocente sin importarle. Cuando viendo que ya nada se interponía entre él y su alma enferma, cometió otro grave delito y acusó directamente a su benefactor, el juez suplicó clemencia y proclamó a viva voz su inocencia pero no fue escuchado, fue encarcelado en la misma carcel que aquél jóven que años atrás él no había querido escuchar. Cuando lo vió destruido por el paso del tiempo y las malas condiciones del lugar, cayó de rodillas pidiendole perdón y suplicándole que lo ayudará, ya que su testimonio ahora sería tenido en cuenta, el ahora ya hombre lo miró y con una sonrisa le dijo, es difícil creer en alguíen que antes las evidencias no creyó, y como creer ahora si cuando una persona se equivoca una vez puede equivocarse dos. El juez lloró en silencio.

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