miércoles, 27 de octubre de 2010

Añoranzas.

Añoro aquellos días donde nuestra adolescencia recién nacida reinaba en nuestras vidas, y nuestros cuerpos insolentes y atrevidos se admiraban en sus primeras y nuevas sensaciones. Añoro las tardes en el campo donde caminabamos de la mano por los trigales maduros que se erguían en una gallardía sinigual y nos dedicaba sus primeros frutos dorados. Añoro nuestras charlas llenas de proyectos que nos hacían sentir valientes y mirabamos más allá del alambrado y pensabamos en ese mundo desconocido que estaba allá muy lejos y nos atraía, esperando ser conquistado por nuestra osada existencia. Añoro ese pasado en que nos encontrabamos juntos y la felicidad era nuestra bandera y la alegria nuestro estandarte, y aunque la vida ya nos marcaba caminos diferentes en un punto coincidíamos y nuestras almas giraban como palomas en una danza frenética, entrelazándose trémulas y febriles. Añoro todos  los atardeceres cubiertos de luciernagas que adornaban mi alborotado cabello y tu risa cristalina se oía como una dulce melodía que endulzaba mis oidos, todo era bello entonces y nos embriagábamos de aire puro y delicioso aroma que colmaba nuestro amanecer juvenil. Ese mundo con el que tu y yo soñamos tantas veces, lleno de magia, es el mismo que hoy nos separó y añoro esa inocencia que nos hacía confiar y nos sentíamos inmensos y creíamos que todo lo podíamos. Hoy en la cima de nuestras vidas volvemos de ese mundo lleno de magia ya sin sueños solo la añoranza de aquellos tiempos que no volveran porque los que volvimos tampoco somos los mismos.

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