Mi pelo ensortijado, mi mirada perdida, mi andar cansado, ya sin destino, sin meta, y una sola idea firme, irme a un lugar donde no exista nada, a la nada quiero irme.
No puedo soportar sentir sensaciones de quebranto, no quiero más saber a lágrimas. Mi alma ya no está en mi, soy un cuerpo errante que pasea por la noche sin ganas de vivir, siendo un despojo solitario que huye del contacto humano, no siento mis maneras de manifestarme, trato de explicarme la transición de un mundo en que me parece haber quedado en un desierto de confusión.
El sonido de la rutina me hace girar la cabeza, en una extrema locura y fatal desaliento, me reflejo en un espejo de agua, me cuesta reconocer esta imagen de sordida angustia, me lastima la brisa que acaricia mi piel ultrajada, me duele el sonido de los trinos de pájaros, me asusta ver pasar a las personas cerca de mi, aunque no me ven, me provoca náuseas los aromas que el aire acerca a mi, me estoy evadiendo de mi, me estoy alejando de mi cuerpo, puedo sentir paz, una paz distinta, sublime, no conocida, mis ojos ya no están húmedos, ahora reflejan asombro, ya la piel no está lastimada, mil sabores nuevos puedo experimentar, de repente a gran velocidad me encuentro marchando por un largo camino, ya no quiero detenerme, a mi paso puedo ver mis momentos de infelices desencuentros, veo a personas que me hicieron sentir dolor, ahora ellos me saludan en una despedida que denota cierta tristeza, pero la vida ya nos dió una oportunidad, ya no quiero volver, solo necesito salir de allí, lo más rápido posible, la velocidad aumenta, todo queda atrás, mi alma vuelve a nacer en una nueva primavera, entrando conmigo a la paz de mi nuevo cielo

No hay comentarios:
Publicar un comentario