Mi paso presuroso recorre el camino solitario donde una vez fui feliz, el viento helado golpea mi rostro mojado por lágrimas de dolor, lágrimas de desconsuelo, mi alma doliente se oculta de mi.
Sigo caminando oigo pasos, miro con temor detrás de mi, no..., no hay nadie, mi imaginación alterada inventa siluetas en la oscuridad, las sombras parecen atraparme, y en un intento valiente me suelto de mis pensamientos temerosos, sigo con paso firme y seguro.
Mis lágrimas no dejan de brotar de mis ojos que se nublan por las mismas, hasta inundar mi rostro y llegar a mi boca donde puedo sentir su sabor salado, luego caen como torrentes de agua que nada lo detiene.
El viento sopla con fuerza haciéndome estremecer, ya no pienso, me concentro en mis lágrimas que no cesan, solo me distraigo por los golpes de una persiana que alguién olvidó cerrar, y vuelvo a mi camino que recorro presurosa, esquivando el encuentro con otra alma solitaria que pudiera andar distraídamente por ahí.
Mi mente anubilada por recuerdos lejanos, recuerdos que ya no están que ya se fueron, que ya no volverán, de repente me sobresalto por una sombra que cruza el aire, es un gato que por los techos busca pasar la noche.
Aun tengo un largo camino por recorrer y mis pies parecen estar cansados, no los siento pero se que están y se que alguien les está dando la orden para seguir marchando, es que mis lágrimas se han adueñado de la situación, el viento sigue enfriando mi rostro empapado por ellas, mi boca solo sabe a sal y mi vida entera parece estar nadando en mi propio mar de lágrimas que se hace inmenso, atravezando el océano de mi desolación

No hay comentarios:
Publicar un comentario