Crecimos escuchando "el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra", frase biblica que muchos de nosotros luego leyó , y trató de entender su verdadero significado, siempre se llegó a la misma conclusión, no debemos juzgar ya que todos somos pecadores y aun sabiéndolo, muchas veces nos condenan por considerar que hemos cometido un error que se ve como un gran pecado ante los ojos de quien nos acusa, por lo tanto no puede ser perdonado.
Muchas veces cargamos con ese pecado toda la vida, y es muy alto el precio que debemos pagar por errores cometidos sin intensión de lastimar o herir a personas que queremos con el alma, y justamente son las que se sienten blanco fácil de nuestra equivocación.
Si, el precio del pecado es una carga con la cual debemos aprender a convivir y tratar de acostumbtarnos al destierro de la vida de la persona que no puede o no tiene la capacidad de comprender, y, una mente confundida, no puede elaborar otro juicio que el que ya ha impuesto, sintiendo la culpabilidad de quien ya no puede defenderse, y es considerada la que provocó dolor deliberadamente, por negligencia, nunca por maldad premeditada.
Esta frase biblica que aprendimos desde que eramos niños y que luego la fuimos haciendo propia por la veracidad de su contenido, muchas veces la vemos como una utopía, y sentimos que nadie quiere arrojar esa primera piedra, ya que se consideran lejos de cometer un pecado, ni siquiera por error y volvemos al punto de partida, a un pensamiento arcaico que no evoluciona, más bien se hace una concepción retrograda, donde lo razonable pierde valor ante la implacable condena del precio del pecado

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