Hace ya tiempo que yo estaba sola, con mis poemas escritos al viento, mis historias ya pasadas, mis recuerdos que no me acercaban a él, mi orgullo... casi nada.
Paseando por el campo, encontré una piedra sobre la hierba, la retiré con cuidado, debajo la hierba se ahogaba, oprimida por la piedra, así estaba mi alma oprimida por un peso insoportable, sin luz, sin alegría.
De pronto alguién levantó la piedra que cubría mi alma y llegó un hermoso rayo de sol. Llegó y solo dijo: "quiero ayudarte a levantar la piedra que oprime tu corazón, a partir de hoy quiero que vivas en paz y seas feliz" y agregó: " ojalá que mi insistencia y tu aspiración de amarme no se convierta en un mero sueño".
Lo escuché callada, nadie me había hablado así y muchas mariposas de colores revolotearon a mi alrededor.
Las hojas de los árboles caen y el invierno se manifiesta, acercándose con cautela dudosa, mi silencio se hizo escuchar y me tomó por la cintura y susurró a mi oido: "en tus tristes inviernos quiero estar para que no te olvides de la primavera, en tus mañanas grises haré florecer una colorida alegría que se refleje en forma de arcoiris en tus ojos, seré lo que tu quieras que sea". Le contesté con total convicción, "se mi esperanza renovada, se mi esclarecedor futuro, se el camino que se abre en medio del bosque, se mi roca de fortaleza, se mi constancia perdida, y se quien me aliente luego de cada derrota, no des importancia a mis fracazos, y ponte feliz por mis triunfos, escuchame aun cuando mis palabras no sean las que esperas escuchar, aceptame con mis defectos y con mis virtudes, trata que de mis ojos solo broten brillos de felicidad, nunca lágrimas".
Escuché su voz casi imperceptible, quebrada: "el verdadero amor no defrauda, no encierra misterios, la única verdad es amarse", dicho esto supe que mi vida ya estaba en sus manos
.

No hay comentarios:
Publicar un comentario