Jamás había visto un amor tan grande, la certeza era: es el amor más sentido y una vez más marchamos confiando en nuestros corazones, confiando en nuestras almas que ya eran una.
La certeza era: es el amor que soñamos, creciendo con cada amanecer, y haciéndose inmenso cada atardecer.
Cada puesta de sol un solo pensamiento, cada despertar la certeza era: hoy nos amamos más, mucho más que ayer.
Toda palabra dicha parecía pequeña, ante lo que sentíamos, y todo nuestro alrededor carecía de valor, la certeza era: hoy vuelvo a elegirte entre mil. Nada nos agobiaba, y eramos inmensos, poderosos, con nuestros cuerpos manifestándose en silencio, manifestándose a gritos, la certeza era: sos lo mejor que me pasó en la vida.
Las noches bajo la luna, estremecidos por sensaciones que llegaban de lugares lejanos, nos hacía temblar de emoción, la noche toda para nosotros, la certeza era: siempre nos perteneceremos.
Un mundo se abría ante nuestra mirada trémula y fugaz, y abrazamos al viento con la mejor intensión de atraparlo y nos mojaba la lluvia, aunque corríamos a refugiarnos bajo nuestro cielo de amor, la certeza era: seremos muchos más que dos.
El tiempo pasó y el viento se nos escapó de las manos, la lluvia nos empapó, el amor grande empequeñeció, nuestros corazones ya no confiaron, nuestras almas ya no fueron una, cada amanecer trajo sinsabores, cada atardecer la angustia más cruel, cada puesta de sol un nuevo olvido, cada despertar la desazón, las palabras dichas abrieron heridas, el valor de las cosas se adueñó de nuestro alrededor, todos nos cansaba, y nos sentimos pequeños, débiles con nuestros cuerpos callados, las noches ya no nos pertenecía, el mundo se cerraba para nosotros, y nuestra mirada se fijaba hacia la incertidumbre, y la certeza fue: el amor se nos escapó como agua entre los dedos, se hizo volátil, y la certeza es: amor ya no volverás

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