En nuestro tránsito por la vida muchas veces nos encontramos con oportunidades, no siempre nos damos cuenta y la dejamos pasar, otras si las vemos pero con nuestra necedad humana la dejamos a un costado de ese camino recorrido, y como nuestros pies ya cansados de tantos tropiezos no quieren riesgos y prefieren pisar en terreno seguro, dejamos que nuestra oportunidad se convierta en algo sin importancia y escapamos de ella.
Se dice que el tren de la oportunidad pasa una sola vez en la vida y que si no subimos a él puede que no vuelva a pasar, esto sucede en todos los ámbitos de nuestra vida, en lo laboral a veces no vemos que nuestro bienestar futuro depende de alguna propuesta que consideramos no es para nosotros, en lo familiar, cuando un miembro pretende hacer una inversión, antes de estudiarla ya nos parece descabellada, y resulta que nos perdimos un gran negocio que hubiese hecho crecer nuestro patrimonio familiar, y asi, somos también para con nuestro mayor y sublime sentimiento, EL AMOR, confundimos un deseo de nuestro enamorado/da por un capricho y luego de concederlo, lo/la llenamos de reproches, sin darnos cuenta que esa tierna llamita que recién se encendía, necesitaba del mayor de los cuidados porque se podía apagar, y por que no renunciar a estructuras ya viejas que nos condicionan por un aire nuevo y renovado, renunciar a ciertas "pertenencias" y ceder, pero no confiamos que el sentimiento que despertaba a la vida como una semilla que está germinando, en la otra persona necesitaba de esa "prueba" que no suponía ningún riesgo de vida, si un riesgo para el amor que estaba naciendo, pero las personas tenemos una gran incapacidad para ceder, y nos inclinamos a desprestigiar un sentimiento puro que podía haber sido el gran amor de nuestras vidas, pero el egoísmo, el propio ego, nos hace desconfiar y con toda nuestra inconciencia dejamos escapar lo más bello que nos estaba pasando y luego al darnos cuenta queremos recuperar eso que sabemos era nuestra felicidad y corremos a la estación, pero el tren de la oportunidad ya se ha marchado y solo queda una estación vacía y en ruinas, y queremos volver al punto de partida, pero ya nada es posible, nuestra oportunidad de amor ya se ha marchado, en el preciso instante en que la dejamos partir, quedando nuestra alma vacía y en ruínas.

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