viernes, 17 de septiembre de 2010

El vendedor de sueños.

Testigo de nuestros juegos infantiles, fiel ejemplo de un mágico mundo del cual había pertenecido en algun tiempo lejano, y del cual hablaba inclinando su cabeza y mirando con una nostalgia indescifrable. Nosotros lo mirabamos absortos, en nuestra inocencia se anidaban imagenes de mundos llenos de fantaias. Sus palabras entrecortadas, a veces, por la emoción,que quizas le provocaba, sonaban como canto que provenía directamente del alma, hablaba de un lugar cubierto de margaritas bordeado por un sendero, por donde él y su amada recorrían a diario, para llegar a una aldea que estaba construida sobre una colina muy verde, donde las pequeñas casas con sus techos de rojo furioso le daban una tonalidad diferente al paisaje, sus habitantes vendian los productos que ellos mismos fabricaban en la plaza del lugar. El y su amada también vendían allí sus productos de granja, y luego se quedaban hasta la noche para escuchar al trovador que con sus canciones de amor los llenaba de felicidad, regresaban caminando muy depacio, aferrados el uno del otro, con el corazón enamorado y una mirada que denotaba sueños aun esperados, y luego callaba, los niños le gritabamos al unísono y qué pasó?, anda habla viejo, sigue contando!!!. Pero él en silencio, nos acariciaba la cabeza y se alejaba con andar pesado. Cuando fuimos grandes supimos el final de la historia, todos lloramos al unísono.

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