En un atardecer desplegaron sus alas y hecharon a volar por el infinito cielo azúl, en el que se empezaban a vislumbrar las primeras estrellas, de a ratos danzaban con movimientos sensuales y sentían que su corazón latía con fuerza, era la señal del amor que los hacía sentir libres y felices, encontrándose ellos, habían encontrado el amor.
Así fueron recorriendo por mucho tiempo el firmamento, algunas veces tuvieron que enfrentarse a fuertes tormentas y pudieron sobrevivir a ellas con gran esfuerzo y su amor crecía. Volvían a retomar su vuelo seducidos por la vida que se abría a su paso. Siempre volaban a la par, pero de pronto uno de ellos comenzó a volar más rápido y se alejaba de a poco del otro. Cierto día el que había quedado atrás recibió un impacto de proyectil en una de sus alas, hizo un gran esfuerzo por mantenerse en el aire, mientras llamaba a su amor, pero aunque gritaba con todas sus fuerzas aquel no lo escuchaba, se alejaba cada vez más anubilado por lo que encontraba a su paso y no entendió que el que había sido su vida lo necesitaba y le pedía ayuda, y que no lo dejara solo.
Tanto luchó por sobrevivir que sus fuerzas se agotaron y cayó irremediablemente al suelo, desde allí abajo miraba como su amado se alejaba feliz, sintió pena por él, y dando un último suspiro quedó con sus alas vencidas mirando ese cielo que había sido su mayor sueño, y que ya nunca alcanzaría, inerte, sin vida, sin su amor, allí quedó tendido, mientras su amado volaba hacia el olvido.

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