He vivido la noche más terrible, la noche de agónica ausencia y lastimero llanto que se hacía oir a lo lejos.
Un cielo vacío de estrellas, nada se veía, nada se percibía, sólo una gran pena que emanaba del alma, hundiéndose en el silencio de una noche maléfica.
He vivido una pesadilla llena de fieras al acecho, montruos y serpientes que derramaban su veneno sobre mi lecho de angustia, un cielo que lo cubría todo con su sombría arrogancia, carente de estrellas, ni una pequeña luz que pudiera orientar mi desesperada agonía.
He vivido mi más cruel noche de horror, cubierta de fantasmagóricas figuras y siluetas de malformados enemigos ocultos queriendo atrapar mis sueños, mi cielo sin estrellas no podía iluminarme, sumida en el llanto, la noche se apoderaba de mi cuerpo elevándolo hasta la orilla del abismo más profundo.
He vivido una espera inútil, cruel, macabra, mi cielo oscurecía cada vez más, el aroma nauseabundo de la traición llegaba hasta mi, tornándose insoportable, las estrellas no estaban por ningún lado, mis ojos se sentían cansados, parecían querer cerrarse para siempre.
He vivido una noche de dolor profundo, de dolor lacerante, de espasmódicos sollozos, perdiéndo fuerzas, las lágrimas que caían de mi, formaban un río de sangre púrpura a mi alrededor, mi cielo enengrecido me veía gemir sin fuerzas, casi en total silencio, mi espada vencida yacía a mi lado, mi vida se iba hacia la oscuridad de mi cielo sin estrellas

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