domingo, 11 de septiembre de 2011

La luna, testigo de mi angustia

La orquesta suena en una melodía armoniosa, la noche con sus luces juega con las estrellas que brillan, la gente gira a mi alrededor, yo me recuesto en la escalera, donde me invade el frío , mi alma se retuerce en un sollozo ahogado.
Apenas siento los sonidos, las palabras me suenan sin sentido, mi mente se aleja del lugar y adormecida no puede pensar, se desvanece en un bahído que me hace perder equilibrio, como si caminara sobre una cuerda, siento que en cualquier momento caeré al vacio.
Mi pena me ciega, me paraliza, un temblor recorre mi cuerpo, sonrío, alguién me ha dicho algo, no puedo responder, todo se traduce en una agonía cruel, mis pies quieren correr fuera del lugar, necesito sentir el viento rozandome la silueta, necesito emitir mi grito de dolor, que solo la luna sea testigo de mi angustia.
Nadie imagina lo que siento por dentro, no puedo participar de la alegría reinante, de la risa que contagia, podría decir basta, contar mi pena, pero me reservo en silencio mi destino, mi fiel lamento está envuelto en mi mirada que no puede ver, mi sufrimiento no me permite volver a la realidad, tristemente salgo a soñar en la noche inspirada en el llanto que abunda en mi, solo la luna es testigo de mi angustia

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