martes, 12 de abril de 2011

Corazón en llamas

Me acunaste en tu amor..., me dormí en tu cielo...
Te busque entre mil rostros, en mil perdones, en mil noches oscuras y en mil días soleados y tu me encontraste y al encontrarme te encontré, y las sombras desaparecieron y despertamos a la pasión de soñar por amor, de fundir nuestros cuerpos en un paraíso de lunas doradas y de soles en llamas que hacen una erupción en nuestros corazones.
Yo el mejor de los vinos, que bebes de mi piel, tu el mejor de mis poemas que escribo sobre tu pecho, entrelazados en un mar de amor y en la magia eterna de dos cuerpos soñados, anhelados, esperados, nada es igual, apareciste despertando mi alma dormida en fugitiva derrota hacia la nada, de un devenir de ilusiones vanas y te quedaste en mi, para garantizar mis sensaciones fantásticas con caricias y besos eternos que se adormecen en mi espalda, para amanecer contigo en una nueva mañana de esperanzas renovadas y alegrias encontradas.
 Mi mano tomaste para que juntos caminemos por el sendero de un amor que nos encontró en consonancia con la vida de dos seres que a pesar de la adversidad no dejaron de luchar y con una gran valentía un día se dejaron envolver por un sentimiento ajeno a sus metas pero que se convirtió en la más firme convicción jamás mencionada. Nuestros corazones en llamas no dejan de latir por cada momento compartido por cada sueño renovado por cada día más de ti, más de mi, por cada despertar en silencios para terminar en tu boca convertida en palabras y susurros suaves. Un amor como pocos, un amor deseado, un amor sin fronteras, sin destinos ciertos, sin desaciertos lógicos, con la seguridad de ser amor del bueno, amor del mejor, amor del que nadie quiere escapar, amor que no acaba, amor que se estimula, amor que perdura, amor que será único porque es nuestro amor.

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