viernes, 21 de enero de 2011

Sombra

Cuando solo me alzaba unos centimetros del suelo, cuando yo era una niña pequeña, papá solía sacarme a pasear a píe por las calles del pueblo, o por el campo, en las calidas tardes de febrero. Andábamos entre arboledas, sin darnos prisa, disfrutando de ese momento tan especial. Él mencionaba los nombres de los árboles, me enseñaba algún nido tan bien escondido que el ojo descuidado jamás lo descubriría. Si el día era inusitadamente cálido, me decía: "Ponte a mi sombra, yo te resguardaré". Recuerdo todavía la dicha de ser niña y de explorar los campos, de despertar el entendimiento al orden natural de la vida, de admirar el milagro del cambio de estaciones, de sentirme maravillada ante los misterios que ni papá podía explicarme. Andaba con él protegida bajo su sombra, donde me acurrucaba sin temores. Un día descubrimos que yo había crecido demasiado para caber dentro de su sombra. No hablamos de ello. Comprendimos que era tiempo de pasear uno al lado del otro, cada cual con su propia sombra. Posteriormente entendí que la sombra de papá era como él, lo suficientemente grande, fuerte, y sabia para prtegerme hasta que yo llegase a adquirir estatura, fuerza y sabiduría bastantes para andar por mi cuenta con mi propia sombra. Hoy se que nunca seré lo suficientemente grande, fuerte, sabia, como para dejar que la sombra de papá siga protegiéndome y su estructura moral guiándome por un camino sin errores, y que nadie tendrá una sombra lo suficientemente grande, fuerte, sabia como para protegerme como su sombra.

1 comentario:

  1. El día que dejes de ver la sombra de tu padre, no te preocupes, se fusionó con la tuya.La necesaria división de caminos, compartiendo el mismo sol.

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